RASGO: La Malcriada
PREMISA: “Mis deseos son órdenes”

La temprana muerte de su madre, dejó la crianza de Úrsula en manos de su papá, Vicente Herrera, el alcalde del pueblo. Él, por inexperiencia, pensó que criar bien a su hija era darle gusto en todo, sin imaginar que así sólo la convertiría en la mujer pretenciosa, frívola, vanidosa y caprichosa que es Úrsula hoy en día.

Después de graduarse del colegio, Úrsula ha intentado, no de muy buena gana, hacer algunos cursos universitarios, otros de extensión, algunos de belleza y glamour, pero no ha tenido ni la capacidad ni el deseo suficiente para llevar a buen término ninguno. Para ella la educación o cualquier otra herramienta para hacer las cosas por sí misma, jamás le preocuparon. Desde su punto de vista, si ha podido vivir dependiendo de un hombre, que es su padre, puede seguir haciéndolo a través de otro, es decir, su novio y futuro esposo, Luis Eduardo Santibáñez, a quien logró enamorar en su adolescencia y al que no piensa dejar escapar.

En el pequeño mundo de Úrsula sólo caben: “El club”; las amigas chismosas, con las que acaba reputaciones y matrimonios en una sola tarde; su aspiración de una vida mejor, que es abandonar Pueblo Escondido, lugar que detesta por creerlo poca cosa para lo que ella merece; tener todo el dinero del mundo, pero no propio, sino el de su esposo; y Luis Eduardo, el vehículo para que sus máximas aspiraciones en la vida se cumplan.

A pesar de tener todos los defectos que Luis Eduardo más detesta en un ser humano, Úrsula los sabe ocultar con mucha astucia e hipocresía, construyendo ante él una imagen muy diferente de mujer buena, frágil y sencilla, cuando está muy lejos de ser cualquiera de esas cosas. La realidad es que ella es déspota con aquellos que no están a su altura socialmente, insensible, oportunista con el poder de su padre en el pueblo, impaciente y quiere que todo el mundo esté a su disposición y le satisfaga sus caprichos.