El día en que Reynaldo Santibáñez contrajo matrimonio con Digna, la mujer que amaba, se convirtió en el peor de su existencia. Ese día, él y su descendencia fueron condenados para siempre a la infelicidad, por culpa de una maldición: “Su sangre estará marcada por el deseo. ¡Por cada momento de dicha que traiga el deseo, habrá un intenso dolor!”… O al menos esta es la leyenda que se ha tejido alrededor de la familia Santibáñez en Pueblo Escondido, desde hace casi 30 años.

Y como toda leyenda, esta también parece tener algo de verdad, pues los Santibáñez no son un matrimonio feliz, a pesar de tenerlo todo: un maravilloso hijo llamado Luis Eduardo, dinero y poder. Sin embargo, la infelicidad no será el mayor problema de esta familia, cuando una a una empiecen a llegar de improviso las cinco hijas ilegítimas de Reynaldo Santibáñez, para sacudir Pueblo Escondido hasta sus cimientos.

Ellas no se conocían pero tenían algo en común, su padre: Reynaldo Santibáñez, un ex marino que por la soledad en que lo había dejado su mujer, buscó pasión en otros brazos. Las hermanas, cada una por su lado, llegan en búsqueda del destino y de ese padre ausente y desconocido… hasta ahora.

Sin embargo, el más afectado por la llegada de Las Marías no será el propio Reynaldo, quien a causa de ellas verá su matrimonio destruido. Quienes más dolor experimentarán con el arribo, serán Luis Eduardo y María Valentina, la más hermosa de las Marías, pues ambos se enamorarán. María Valentina, cumpliendo la promesa que le hizo a su madre en el lecho de muerte, de encontrar a su padre, llega a Pueblo Escondido, y al primero que conoce es a Luis Eduardo, quién le roba por completo el corazón.

María Valentina, destrozada y avergonzada por saber que lo suyo es un amor imposible, decide partir del pueblo, pero el saber que tiene 4 hermanas y que Reynaldo les ha pedido que se queden seis meses para poder ofrecerles una verdadera familia, y la posibilidad de cumplirles sus sueños, la obliga a quedarse en el Pueblo. Y la única forma que tiene Reynaldo de garantizarle a sus hijas el cumplimiento de estas promesas, es permitirles su participación en la construcción de un hotel a orillas del caribe, en El Tesoro, una playa paradisíaca de su propiedad y en la que Luis Eduardo siempre ha soñado construir un hotel ecológico, en donde viviría por el resto de sus días.

Luis Eduardo, quien creía que dicha playa iba a ser únicamente suya por derecho, ahora tiene que compartir su herencia con cinco hermanas, cada una con intereses muy diferentes a los suyos y, sobre todo, tiene que ver cómo su sueño puede llegar a sucumbir en las manos de estas cinco mujeres, soportando el peso de tener que convivir con Maria Valentina.

En este proceso de encontrar una familia y para mitigar el dolor de un amor prohibido, Luis Eduardo y María Valentina se harán daño para tratar de arrancarse del corazón el uno al otro. Así, Luis Eduardo se aferrará a su novia de siempre Úrsula, y Maria Valentina intentará olvidar y se sacrifica en los brazos de Alfredo, un malévolo hombre que, aunque ama obsesivamente a María Valentina, sólo quiere una cosa en la vida: poder.