RASGO: Ambiciosa
PREMISA: “Cada quien se rasca con sus propias uñas”
Mientras mucha gente contemporánea a ella todavía no ha definido su rumbo en la vida, ella sí sabe lo que quiere: tener dinero, mucho dinero para que su madre no vuelva a pasar necesidades económicas por haberla tenido que educar y criar sin el apoyo de Reynaldo.
María Soledad no usa faldas o ropa típica de mujer, pues ella se siente más cómoda con un buen jean o unos hot-pants. No usa maquillaje y ni invierte demasiado tiempo en su arreglo personal. Esto no quiere decir que sea descuidada o desaseada; sencillamente no es vanidosa en absoluto, todo lo contrario: ella es muy sexy. Ni siquiera sabe caminar con zapatos de tacón y se burla de las mujeres que viven en función de esto o de usar vestidos largos y pomposos.
La frase que la define es: “Cada quien se rasca con sus propias uñas” y esto es claro; para ella, primero están ella y su madre y luego están los demás. María Soledad es una persona egoísta, envidiosa y bastante resentida. Junto a sus hermanas aprenderá a ser generosa y que uno no puede afrontar los infortunios de la vida si no cuenta con gente que lo quiere y apoya a uno.
La pasión de María Soledad son los deportes de velocidad y los vehículos de gran cilindraje, tanto de autos como de motocicletas. De hecho, tiene una vieja pero apreciada moto que es prácticamente su compañera inseparable; una extensión de su propio cuerpo. El día en que a la moto se le dañe una pieza, ella sentirá que tiene herida una parte de su propio cuerpo.
Si hay algo que esta joven deteste es que traten de imponerle algo. Ella ama su libertad frente a todas las cosas.
María Soledad comienza como una villana que encontrará la redención luego de afrontar varios y muy duros golpes de la vida. En todo este proceso la acompañarán sus hermanas. Es envidiosa con Luis Eduardo. Y a Reynaldo le recrimina constantemente su ausencia “económica”, pero no su ausencia emocional, puesto que tuvo amor de su madre de sobra. Chocará con María Valentina por Alfredo, a quien ve como un “ideal” de hombre.