RASGO: La dama
PREMISA: “Me importa lo que digan de mí”

Digna es una mujer de una inigualable belleza, altivez y elegancia. De carácter fuerte, severo. Infunde respeto. Elegante y atractiva. Siempre está perfecta. El viento no la despeina y no la perturba. Treinta años atrás, se casó con el único hombre que amó, que ha amado y que tal vez amará por siempre. Reynaldo Santibáñez logró cautivar su corazón desde que se conocieron y ese amor a primera vista, desencadenó en un romance que terminaría en matrimonio.

Proveniente de muy buena familia, acomodada y adinerada. Hija única, consentida por su madre y malcriada por su padre. Mujer inteligente, disciplinada, rígida y estricta. Siguió la carrera de Historia del Arte, pero no logró terminar ya que su padre moriría teniendo ella que regresarse a Pueblo Escondido a acompañar a su mamá de allí hasta sus últimos días.

Las buenas maneras, su porte de galán, su fino humor, su atractivo físico, harían que Digna se enamorara de Reynaldo de inmediato, para envidia de sus amigas del pueblo e inclusive de la capital. Después de ocho meses de noviazgo, Digna aceptaría la propuesta de matrimonio de Reynaldo y comenzaría a planear lo que para ella sería el acontecimiento de su vida: la boda. Sin querer que se le escapara detalle alguno, haría de su matrimonio el suceso del año de Pueblo Escondido. Todo estaba saliendo a la perfección, tal y como lo soñó, pero algo borraría su felicidad de un solo golpe y la marcaría por siempre: la maldición que Carmenza, la madre de una campesina con la que Reynaldo tendría un breve romance y a la que dejaría embarazada de un hijo que nunca llegó a nacer, pues moriría en el vientre de su madre al mismo tiempo que ella. La maldición decía: “Su unión no dará frutos y por cada momento de dicha que trajera el deseo, habrá un intenso dolor”.

Después de tres años de no concebir, Reynaldo empezó a obsesionarse con que la maldición era cierta. Por eso Digna, para hacer feliz a su esposo y demostrarle que estaba equivocado, recurrió a Tomás Murillo para darle el hijo que tanto anhelaban ambos. Sin embargo, después de la grave falta cometida contra su esposo, no fue capaz nunca más de mirarlo a los ojos y le negó para siempre la intimidad. Fue así como nació Luis Eduardo sin que Reynaldo supiera que era hijo de otro hombre. Digna lo hizo todo por a su esposo y salvar su matrimonio, convenciéndolo así de que la maldición que lo atormentaba no era cierta.

Treinta años después, el peso de la maldición, de las culpas y la insatisfacción sexual con su esposo, se verán reflejados en su rostro, a pesar del esfuerzo de aparentar ser una mujer feliz.

El día de su aniversario número treinta, mientras organiza la fiesta de celebración, recibe varias sorpresas. El regreso definitivo de su hijo Luis Eduardo a Pueblo

Escondido y la cancelación de la venta de El Tesoro (tierras que siempre odió) a raíz de un rayo que casi mata a su esposo.

Pero el comienzo de su pesadilla es días después, cuando aparece María Valentina, una hija ilegítima de su esposo. Sin embargo, antes de que Digna pueda recuperarse de este terrible dolor, se enterará de que Reynaldo no sólo tiene una hija por fuera de su matrimonio, sino que tiene cuatro más. Es decir, son cinco las hijas ilegítimas instaladas en el Pueblo, llamadas “Las Marías”.

De ahí en adelante Digna le declarará la guerra a las Marías, odiará a su esposo por haberla traicionado, humillado, por querer compartir su vida con ellas y así destruir su familia. Protegerá como una leona a Luis Eduardo y peleará por que esas aparecidas no le roben lo que le pertenece sólo a él.

Hasta ahora, Digna había sido la mujer más respetada en el pueblo. Pero la aparición de las bastardas, la pone en boca de todos, haciéndole perder su prestigio y dignidad.

Es fiel a las buenas costumbres, veladora de la tradición y los valores morales. Conservadora, clasista. Sabe poner distancia entre un trabajador o una persona de diferente clase social y ella. Orgullosa, rencorosa, jamás pide perdón. La aparición de las Marías la obligará a sacar las uñas y a convertirse en la mujer que nunca tuvo necesidad de ser: una villana, una egoísta y una mujer movida por la rabia, los celos y el resentimiento. Para ella la guerra ha comenzado y no va a terminar hasta que las Marías se marchen de este lugar.